La cibercultura y la docencia costarricense

Adrián García Campos

INTRODUCCIÓN.

Los aspectos sociales adquiridos de la convivencia cotidiana entre los seres humanos tienen consecuencias en el individuo, influenciando en todos los ámbitos de su vida, como sus percepciones, actitudes, juicios, opiniones o comportamientos. Es por ello que todo individuo modifica su conducta con base a la interacción que tiene con su medio.

Sin embargo, algunos acontecimientos actuales, como el internet, los aparatos electrónicos, la comunicación en tiempo real, la conectividad de las cosas y el fácil acceso a la información masiva, han introducido nuevas variables a la dinámica social, lo que provocó la aparición de nuevas conductas en las nuevas generaciones.


Pero, ¿quiénes pertenecen a las nuevas generaciones? Una generación es por definición, un conjunto de personas que, por haber nacido en fechas próximas y que reciben educación e influjos culturales y sociales semejantes, se comportan de manera afín o comparable en algunos sentidos. Eso sí, no existe un criterio bien definido, para establecer cuando inicia o termina, una generación. Sin embargo, para cumplir con los objetivos de este artículo, vamos a definir que las nuevas generaciones, comprende a aquellos niños nacidos después del 2010. Algunos llaman a esta nueva generación, la Generación T.

Los individuos de la generación T, nace en un momento donde el entorno virtual es tangible, dinámico y accesible; por lo tanto, su entorno social implícitamente suma, de manera automática y sin restricciones, su entorno físico y el virtual; es decir, que es una generación que se desenvuelve en un entorno social dual (social-tecnología). Si retrocedemos y analizamos el entorno social, 10 o 20 años atrás, acordaremos sin contradecirnos que las interacciones sociales eran obligatoriamente presenciales; esto permitía tener un entorno más controlado, aunque reducido en tamaño.

Este entorno social dual se convirtió, entonces, en un elemento básico para las nuevas generaciones, lo cual ha permitido una evolución en las formas cómo interactúan los individuos, dando paso a un fenómeno que algunos expertos han llamado Cibercultura. La cibercultura se puede definir como:

Los rasgos culturales que caracterizan a las comunidades virtuales y que emergen a través de la interacción en línea. Ello supone que las interacciones que se dan mediadas por las tecnologías en red configuran nuevas formas de pensar, de actuar, de relacionarse, propias de una comunidad online. (Cabrera García, 2013)

Todo docente, por su formación, sabe que la Educación y la Sociedad son dos sistemas íntimamente relacionados, pues la educación va cambiando según la dinámica social que surja. Dicho de otro modo, el modelo educativo de un país va a depender del entorno social y cultural que le rodea.

La sociedad dual o como la hemos llamado, cibercultura está produciendo cambios en el aula, de tal manera que las nuevas generaciones requieren de un repertorio de habilidades diferentes. No sirve de nada, pasarles a estas generaciones nuestras habilidades, pues algunas son pocos precisas, e incluso obsoletas para resolver los problemas que planteará la sociedad futura.

La UNESCO, la organización especializada en contribuir con la paz y la seguridad en el mundo mediante la educación, la ciencia, la cultura y ahora en las comunicaciones menciona que:

Estamos presenciando la aparición de comportamientos culturales inéditos, especialmente por lo que respecta a la representación de sí mismo: las páginas personales constituyen un fenómeno sumamente original en el que una utilización inesperada de Internet satisface una función social cultural que no habían previsto los creadores de la Red. Así, los usuarios de Internet se convierten no sólo en receptores y poseedores de esta nueva cultura de la era de la información, sino también en sus protagonistas. La divisoria que separaba claramente a productores y consumidores de contenidos culturales empieza a borrarse, al igual que la que separa a los productores y receptores de los conocimientos científicos. Sin llegar a afirmar que esa divisoria desaparecerá un día y que en las sociedades del saber todo el mundo será sabio o artista, podemos suponer por lo menos que dejará de regir inevitablemente la circulación de las obras científicas o culturales. (UNESCO, 2005, pág. 19)

Pero, ¿en qué momento llegó este vínculo entre la trilogía: Sociedad, Tecnología y Educación?, pues paso frente a todos y nadie lo detuvo para realizarle un análisis bien pensado. Pero, ¿qué ocurrió? ¿Qué acontecimientos más relevantes fueron provocando esta trilogía y que hoy dan nacimiento a una criatura metamórfica, llamada sociedad del conocimiento?

A finales de los ´80 y durante toda la década de los ´90 se produjeron una serie de cambios en el orden político y económico mundial que sin lugar a dudas han dejado secuelas en el resto del planeta. Entre ellos puede nombrarse el desmembramiento de la U.R.S.S con la consecuente crisis del sistema socialista, el inicio de la expansión y dominio del sistema capitalista y el surgimiento de un nuevo escenario macroeconómico debido al auge del comercio internacional. De este modo, cualquier evento económico registrado comenzaba a ocasionar secuelas en otras partes, sin importar la cercanía o lejanía geográfica, debido a la mayor fluidez en las relaciones entre naciones. Todos esos eventos dan origen a un fenómeno llamamos “globalización”.

El término “globalización” era utilizado para explicar “un proceso económico, tecnológico, político, social y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo uniendo sus mercados, sociales y culturales, a través de una serie de transformaciones sociales y políticas que les dan un carácter global.” (Martín Cabello, 2013).

Pero en los ´90, la globalización era considerada como una amenaza para los puestos de trabajo, la seguridad, y en algunos casos, la pérdida de identidad. Sin embargo, este fenómeno mundial, no solo fue expandiéndose, sino que empezó abarca otros aspectos. Esto demandó de nuevas herramientas, para que el fenómeno se desarrollara, como sistemas de transporte más eficiente, un comercio más diversificado, el desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), entre otras cosas.

Sin embargo, para 1960, la tecnología estaba restringida a ciertas naciones, principalmente porque mucho de estos avances tenían aplicaciones militares. Uno de los avances más importantes, que permitió la tecnología actual como la conocemos, ocurre en 1962, pues se presenta el primer sistema de comunicaciones que, mediante computadoras conectadas a una red descentralizada, que resultaba inmune a ataques externos. En caso de que uno o varios nodos resultaran destruidos, los demás se podían seguir comunicando sin problema alguno.

Pero fue hasta el año 1983, el que normalmente se marca como el año en que nació Internet, cuando se decidió usar el protocolo TCP/IP (modelo para la comunicación en una red) en la red Arpanet creando así la red Arpa Internet, en Estados Unidos. Luego en Europa, en 1984, se utiliza el protocolo TCP/IP, para realizar una nueva red en las máquinas del CERN (Consejo Europeo para la Investigación Nuclear, por sus siglas en francés).

Tiempo después, un 12 de marzo de 1989, se le da la habilidad a la red del CERN de transferir hipertextos (vinculación de un fragmento de un texto con otro) que daría lugar a la primera página web de la historia, utilizando tres nuevos recursos: HTML, HTTP y un programa llamado Web Browser. Un año después Internet nacía de forma cerrada dentro del CERN y es hasta agosto de 1991, que, por fin, los usuarios externos al CERN, comenzaron a poder acceder a esa información.

Costa Rica estuvo siempre alerta a estos acontecimientos mundiales, pues la influencia de la conexión tecnológica inicia en 1990, cuando la Universidad de Costa Rica, crea el primer nodo (punto de conexión) de la red Bitnet, de la región centroamericana, lo que da paso a la primera conexión a la Red Internet. Esto último fue posible un 26 de enero de 1993.

Sin embargo, la revolución tecnológica de la década de los ´80 y parte de los ´90, no era del privilegio de todos, por eso para el 2003, esta idea egoísta de no compartir la tecnología con los demás, empieza a tomar otro rumbo, cuando se da la primera “Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información”, en ella se declara que:

Es el deseo y compromiso de los pueblos miembros de las Naciones Unidas, a construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y respetando plenamente y defendiendo la Declaración Universal de Derechos Humanos. (Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), 2005)

Esta iniciativa reconoce, como primer punto, la necesidad tangible del internet, en todas las naciones del Planeta y segundo, que uso del internet debe ser masivo, y no el privilegio de unos cuantos, por lo que nace la necesidad de reducir la “brecha digital”. Esto impulsaría, poco a poco, la cibercultura a los niveles actuales, pues nunca antes en la historia del ser humano, había sido tan fácil vincularnos en un entorno sin fronteras, ya que la distancia o la barrera del idioma, no existen en la red.

En la utilización y despliegue de las TIC se debe tratar de generar beneficios en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Las aplicaciones TIC son potencialmente importantes para las actividades y servicios gubernamentales, la atención y la información sanitaria, la educación y la capacitación, el empleo, la creación de empleos, la actividad económica, la agricultura, el transporte, la protección del medio ambiente y la gestión de los recursos naturales, la prevención de catástrofes y la vida cultural, así como para fomentar la erradicación de la pobreza y otros objetivos de desarrollo acordados. Las TIC también deben contribuir al establecimiento de pautas de producción y consumo sostenibles y a reducir los obstáculos tradicionales, ofreciendo a todos la oportunidad de acceder a los mercados nacionales y mundiales de manera más equitativa. Las aplicaciones deben ser fáciles de utilizar, accesibles para todos, asequibles, adaptadas a las necesidades locales en materia de idioma y cultura, y favorables al desarrollo sostenible. A dicho efecto, las autoridades locales deben desempeñar una importante función en el suministro de servicios TIC en beneficio de sus poblaciones. (Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), 2005, pág. 19)

Sin embargo, el apogeo de las TICs, su crecimiento y su desarrollo han venido de la mano con el desarrollo de los componentes de una computadora. El hardware, como se le suele llamar a esa parte física de la máquina, fueron dándole una mayor capacidad a los ordenadores; permitiéndole a estos aumentar sus funciones y ejecutar más tareas, con mayor velocidad. Si esta parte física no aumenta su eficacia y eficiencia, los avances en el software se ven limitados.

Los teléfonos móviles, por ejemplo, desde 1983 (de primera generación, G1), comenzaron a convertirse en una realidad social de proyección internacional, un dispositivo personal para las comunicaciones inalámbricas, gracias a un hardware portátil, que ofrecería una clara libertad para mantener el contacto entre personas a través de redes digitales. Luego en 2007, cuando Apple lanzó su primer iPhone, hasta la actualidad, los avances en el hardware de los teléfonos móviles han ido aumentando las funciones de las aplicaciones (software). Esto ocasiona que el teléfono móvil se desmarque del concepto original como dispositivos de comunicación inalámbricos, y consolidando nuevas funciones como la reproducción de música y video, fotografía digital y más.


Luego de todos estos acontecimientos lo que sucedió después fue inevitable, la dinámica social sucumbe a las TICs, modificando el quehacer humano, pues este último comenzó hacer mediado por las máquinas, eliminado barreras principalmente en el modo en que nos comunicamos, generando como consecuencia una “cibercultura”, la cual pone metas desconocidas a los aspectos sociales y dando paso a nuevas innovaciones en diferentes áreas incluyendo la educativa.

Si el mundo se transformó en “nuestras narices” y pocos se dieron cuenta; quizás porque ocurrió en un periodo de tiempo muy corto. Pero si todavía no se logra ver la afectación del salón de clase, vamos a citar a una profesional que merece todo nuestro respeto, la Lic. Leda Roldan (2005), Física y Catedrática de la Universidad de Costa Rica, ella menciona que:

La educación global demanda nuevas formas de implementación técnica; significa un rol diferente para el maestro, docente o educador, y una selección eficiente de nuevos contenidos educativos. La información que debe ser difundida a los estudiantes, por ejemplo, no puede continuar difundiéndose a través del “docente de aula”, labor para la cual los maestros, y cualquier otro profesional, son cada día “menos competentes”. El enfoque de “centro educativo”, donde se sostuvo siempre que era posible “encontrar” o tener acceso a todos los “recursos educativos” necesarios para la formación del alumno, es hoy obsoleto, pues los recursos educativos actuales se hallan en la vida cotidiana y distribuida por el mundo. Incluso el rol de “facilitador” o “mediador” que parece ahora rescatarse para el maestro, puede ser insuficiente o estar erróneamente formulado, cuando la “educación” escapa a las “escuelas”, cuando los niños -y los mayores también aprenden- y se forman en la vida cotidiana, en el hogar, en la calle, en la televisión, en el trabajo, en Internet. (Roldán S., 2005)

El fenómeno de la cibercultura, desde hace algún tiempo, demanda cambios en las aulas, pero en lugar de buscar estrategias para adaptarnos a los cambios y lograr ciudadanos más competentes, en Costa Rica la Educación costarricense se ha mantenido casi invariable. El Informe del Estado de la Nación (2005) realiza un pequeño análisis histórico de nuestro Sistema Educativo, en este informe menciona que:

“La Educación en Costa Rica tiene poco énfasis en la crítica y la creatividad. El currículo educativo costarricense ha sufrido transformaciones importantes en los últimos quince años, que van desde su modernización cualitativa a principios de los noventa, pasando por la integración de mayor interactividad, mayor contextualización y menor rigidez en los métodos de enseñanza, a mediados de esa década, hasta la reciente incorporación de ejes transversales en busca de desarrollar una perspectiva integral en la educación; en este último caso, sin embargo, la evidencia muestra que el objetivo inicial no ha sido fácil de llevar a la práctica.
La educación nacional acentúa en exceso los aspectos memorísticos, la realización mecánica de procedimientos y la consideración acrítica de los temas, en tanto que desarrolla pocas destrezas y preparación para tomar decisiones con cierto rigor, no logra que se den aprendizajes significativos en varias asignaturas, y no ofrece suficiente estímulo a la creatividad y la innovación inteligente.
El sistema de evaluación, incluyendo las pruebas nacionales, es un claro reflejo de esa situación, pero además estas últimas agravan los problemas, al condicionar una parte relevante de la formación en el aula y de los textos: todo se adapta a la forma de las pruebas nacionales.” (Informe del Estado de la Nación, 2005)

Si eres educador y analizas lo que se menciona en este Informe, quizás estés de acuerdo que, en este momento, finalizando el 2019, en las aulas costarricenses, se sigue haciendo lo mismo, pues la transmisión de conocimiento es prioritaria para los docentes. Es decir, que, en Costa Rica, a pesar de que hay una cibercultura presente, la Educación no ha sufrido muchos cambios, pues los educadores consideramos que todo está en sintonía. Pero entonces, ¿qué deberíamos estar haciendo los docentes?

Lo primero que debemos hacer los docentes es aceptar que la cibercultura ha modificado los parámetros de las ideas innovadoras y creativas, en el mundo. En la actualidad, una idea buena, debe tener implícitamente dos condiciones: cumplir con varias funciones al mismo tiempo y estar vinculada con otras ideas, a esto último lo llamaremos la conectividad de las cosas.

En los videos juegos, por ejemplo, la cibercultura comienza a evolucionar, cualquier creador de video juegos reconoce la necesidad de que su creación, tenga muchas funciones como variedad de escenarios, más habilidades de los personajes y el entorno, con gran diversidad de retos, solo por mencionar algunas. Pero, además, la nueva generación tecnológica (o generación T como le suelen llamar), demandan que los entornos sean colaborativos; es decir que diseñar un video juego que no permita la conectividad entre ellos, no puede tener éxito. Paralelo a este comentario debo añadir que, desde hace algún tiempo, los videos juegos son utilizados en las aulas como un método de enseñanza, a este proceso se le llama Gamificación.

Pero analicemos otro fenómeno que la cibercultura está produciendo, los youtubers. Año a año vemos que la influencia de los youtubers aumenta casi al mismo nivel que las grandes estrellas del cine. Google, no es casualidad que la frase más digitada en este buscador fuera “cómo ser un youtubers”, pero, ¿por qué está ocurriendo este fenómeno? Muchos dirían que es por ganar dinero, quizás, pero la Neurociencia nos brinda una explicación más científica.

Nuestros cerebros están diseñados con un sistema de recompensa el cual se activa al relacionarnos con ciertas personas y deja de responder tanto cuando está ya no está presente, al menos por un tiempo. Algo parecido ocurre con la adicción a los teléfonos móviles y a Internet: quizás si no nos la tomamos muy en serio es simplemente porque está socialmente aceptada. Pero, ¿qué demanda la cibercultura en el perfil del docente?

Las nuevas generaciones están rodeadas de “cosas”, que cumplen varias funciones y además ya vienen conectadas con otras “cosas”, en ese ambiente, nacieron y se desarrollan todos los días. Entonces la cultura del aprendizaje valioso y productivo NO se encontraba en los libros, pues este ambiente es muy lento y carece de la conectividad, esto va en contra de los esquemas mentales que hay en su cerebro.

Quizás no se aprecie lo relevante de los esquemas mentales, ni es objetivo de este artículo enfocarse en ellos, pero si es pertinente mencionar que los neurocientíficos los ha estudiado y han concluido que esto esquemas mentales le permiten al cerebro generar de manera automática respuestas ante las situaciones cotidianas. Es decir que si tu ambiente cognitivo se desarrolló en un ambiente tecnológico, las respuesta de ese cerebro serán más productivas en un ciber-entorno. Es inútil, entonces, desgastarlos en ambientes memorísticos, poco polifuncionales y escasos de la conectividad a la que están acostumbrados.

Ahora la influencia de la cibercultura no eliminó, la necesidad del conocimiento. Lo que cambia es que ya no es tan importante memorizar conceptos. Los docentes deben concentrarse en mejorar la habilidad de recopilar y comentar la información. En este punto, un docente tradicional lo embargará la incertidumbre, por lo que le resultará difícil creer que los estudiantes sean capaces de comprender la complejidad de los conceptos que se le presentan. Pues esta duda solo pone en evidencia dos cosas, lo primero es que todavía los docentes somos útiles para la sociedad y lo segundo que los docentes debemos aprender nuevas habilidades. Pero despejemos estas dudas con un ejemplo:

La mediación pedagógica debe tener un rol diferente.

Se debe utiliza un concepto para generar la habilidad de pensar en la resolución de un problema cotidiano. Supongamos que un docente en matemática les dice a sus estudiantes que, en la próxima clase, habrá una evaluación del trabajo cotidiano. Además, se les informa a los estudiantes que en el examen corto deben determinar la altura de un edificio cercano al centro educativo, utilizando el Teorema de Pitágoras. Pero no se les explica a los estudiantes, el famoso Teorema, sino que más bien se les indica que deben investigarlo y se le sugieren algunas herramientas tecnológicas.

Aprender a aprender.

La cibercultura, ha generado en las nuevas generaciones, la conducta de buscar información en la red. El rol del docente en este punto es generar la motivación para que ellos poco a poco tengan un papel más activo en aprender a construir su propio conocimiento, mientras paralelamente van mejorando su habilidad para buscar información valiosa y productiva. Por eso es casi seguro que los estudiantes de matemática del ejemplo anterior, buscarán tutoriales en la red para asimilar el Teorema.

Lograr actividades enfocadas en ellos.

Es fácil discernir que la actividad del Teorema de Pitágoras, que se viene discutiendo, está enfocada en los estudiantes, pues ellos son los protagonistas de su propio aprendizaje y como docente nuestro papel sería la de guiar.

El error es un aliado.

Cuando surjan los errores se deben discutir en el ambiente virtual más adecuado, que permita la conectividad, para que ocurra la retroalimentación. La labor del docente en este punto es convertir el error en una actividad de mediación positiva. Si al final de la actividad el docente de matemática tomas los errores cometidos, construye un video, y les da la oportunidad de discutir esos errores a los estudiantes.


Conclusión

El recuento histórico que se realizó al inicio de este artículo nos revela que la globalización influyó en el crecimiento de las TICs, las cuales a su vez tuvieron un efecto positivo en los procesos productivos y, por tanto, en el crecimiento económico. Lo que quizás no se calculo fue que el uso de diferentes aplicaciones TIC presentó una influencia sobre los procesos mentales que realizan los usuarios, generando lo que en este artículo hemos llamado una cibercultura.

Luego los entornos tecnológicos fueron afectando la dinámica social y como un efecto dominó, el salón de clase se transforma, pasando de la típica transmisión creativa del conocimiento a la necesidad de aplicar creativamente el basto mundo de la información en la resolución de problemas. Esto engendra nuevas habilidades como la búsqueda eficaz y eficiente, de la información, la autodidáctica y la conectividad de las cosas.

Pensar en un salón de clase, como el que gesta y refuerza habilidades, obliga a los docentes a cambiar su forma de enseñar. No es correcto, entonces, suponer que nada ha cambiado, solo porque el conocimiento productivo y necesario para la sociedad, cambio de lugar, primero estuvo en los libros y hoy en la red.

Si piensas que los efectos de la cibercultura no alcanzaron el entorno del salón de clase, puede que no estés preparando ciudadanos para competir en el mundo globalizado que tenemos.

Solo espero que este proceso de entendimiento del ciber-entorno en el aula, no dure mucho, porque la cibercultura va hacia efectos más transformadores, pues la Inteligencia Artificial va a cambiar exponencialmente algo que apenas comenzamos a entender en Costa Rica.


Referencias

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