Capítulo 06: Seguridad en las prácticas biotecnológicas.



6.1 Definición.

Según la OMS es un conjunto de normas y medidas para proteger la salud del personal, frente a riesgos biológicos, químicos y físicos a los que está expuesto en el desempeño de sus funciones, también a los pacientes y al medio ambiente.

La garantía de bioseguridad pretende asegurar que el mantenimiento ecológico de tanto plantas como animales sea preservado. Esto engloba hábitats naturales, paisajes, actividades empresariales (en especial la agricultura) y asuntos del estilo de peligros como la guerra bacteriológica o epidemias. Suele conocerse simplemente por el término bioseguridad.

El concepto de seguridad de la biotecnología abarca una gama de medidas, políticas y procedimientos para reducir al mínimo los posibles riesgos que podría plantear la biotecnología al medio ambiente y a la salud humana. El establecimiento de salvaguardias fiables y eficaces para los OGM es fundamental para aprovechar al máximo los beneficios de la biotecnología y reducir al mínimo sus riesgos. Esas salvaguardias deben establecerse inmediatamente, mientras la biotecnología está relativamente en sus primeras etapas.


a. Políticas de bioseguridad (El Protocolo de Cartagena)

Si bien el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología es el único instrumento internacional exclusivamente dedicado a los organismos genéticamente modificados, éste no existe en el vacío. El Convenio sobre la Diversidad Biológica, el “padre” del Protocolo, exige a los gobiernos que adopten medidas para reglamentar, administrar o controlar los riesgos asociados con

la utilización y liberación de OGM (organismos genéticamente modificados).

El Protocolo se ocupa primordialmente de los OGM que se tiene la intención de introducir directamente en el medio ambiente (tales como las semillas, los árboles y los peces) y productos agrícolas modificados genéticamente (tales como el maíz y los cereales utilizados para alimento humano o animal o para procesamiento). No abarca los productos farmacéuticos destinados a los seres humanos, de los que se ocupan otros acuerdos y organizaciones internacionales, o los productos derivados de OGM, tales como el aceite de cocina de maíz genéticamente modificado o el papel de árboles genéticamente modificados.

Para promover la seguridad de la biotecnología, el Protocolo se basa en otro concepto fundamental conocido como el enfoque de precaución. Éste reafirma el Principio 15 de la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en el que se indica que “cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”.

Otros acuerdos internacionales también aplican enfoque de precaución a sus intereses particulares. En el caso del Protocolo sobre Seguridad de la Biotecnología, este concepto da a los gobiernos la posibilidad de decidir, sobre la base de la precaución, de no autorizar que se importe un OGM en particular a través de sus fronteras.

Ello se aplica aun cuando no haya suficientes pruebas científicas sobre los posibles impactos adversos del OGM. El Protocolo aplica el enfoque de precaución, no sólo a la diversidad biológica, sino también a los riesgos potenciales a la salud humana. Confiere a los países importadores el derecho a tomar en cuenta las preocupaciones socioeconómicas (siempre que sus medidas sean compatibles con sus obligaciones internacionales). Entre estas preocupaciones pueden mencionarse el riesgo de que las importaciones de alimentos genéticamente manipulados puedan reemplazar a los cultivos tradicionales, socavar las culturas y tradiciones locales o reducir el valor de la diversidad biológica para las comunidades indígenas.


b. Protocolo en funcionamiento.

El Protocolo de Cartagena promueve la seguridad de la biotecnología mediante el establecimiento de normas y procedimientos prácticos para la transferencia, manipulación y utilización de organismos genéticamente modificados, con especial atención a reglamentar los movimientos de estos organismos a través de las fronteras, de un país a otro.

Para asegurar su eficacia a largo plazo, el Protocolo contiene también una serie de disposiciones “habilitadoras”, lo que incluye la creación de capacidad, la concienciación y participación del

público y un mecanismo financiero. Estos diversos elementos merecen un examen detenido:

· Procedimiento de acuerdo fundamentado previo.Como es lógico, algunas aplicaciones biotecnológicas tienen mayores restricciones que otra. Pero que criterio o parámetro se debe utilizar para restringir la entrada de estas aplicaciones.

· Un sistema simplificado para los productos agrícolas. Se deben permitir los productos agrícolas genéticamente modificados destinados a ser utilizados como alimento humano o animal o para procesamiento, y no como semillas para obtener nuevos cultivos.

· Evaluaciones de riesgo. Estas evaluaciones tienden a ponderar los posibles efectos adversos que puede tener un OGM en la conservación y utilización sostenible de la diversidad biológica en el medio ambiente receptor.

· Documentación para la exportación. En el caso de los OGM destinados a su introducción directa en el medio ambiente, la documentación adjunta debe indicar claramente que el envío contiene esos organismos.

· Gestión de riesgo y procedimientos de emergencia. Ninguna tecnología o actividad humana está totalmente libre de riesgos. El Protocolo exige que cada país administre y controle los riesgos que puedan identificarse mediante una evaluación de riesgo.

· Intercambio de Información sobre Seguridad de la Biotecnología. Facilita la transparencia y el intercambio de información, que son fundamentales para un sistema mundial dinámico y eficaz sobre la seguridad de la biotecnología. Además de permitir a los gobiernos que informen a los demás sobre sus decisiones definitivas sobre la importación de OGM, el Centro de Intercambio contiene información sobre leyes, reglamentaciones y directrices nacionales para la aplicación del Protocolo. Creación de capacidad y finanzas. Los países que comercian OGM necesitan disponer de la capacidad para aplicar el Protocolo. Precisan aptitudes, equipo, marcos reglamentarios y procedimientos que les permitan evaluar los riesgos, adoptar decisiones fundamentadas y administrar o evitar los posibles efectos adversos de los OGM en sus parientes naturales.

· Concienciación y participación del público. El Protocolo invita a la cooperación en la promoción de la concienciación pública de la trasferencia, manipulación y utilización de los organismos vivos modificados. Destaca específicamente la necesidad de educación, que cada vez más deber abordar los OGM en la medida en que la biotecnología se incorpora progresivamente en nuestras vidas.


6.2 Las biotecnologías y su impacto social.

Un buen ejemplo de las biotecnologías de la actualidad, proviene de los profesionales de la ingeniería genética que han aprendido cómo caracterizar, dividir genes y recombinar secuencias de nucleótidos en el ADN de cualquier organismo, a fin de sintetizar moléculas de ADN que puedan procurar nuevos rasgos genéticos exógenos (externo) a una especie dada, en términos de lo que la biología molecular conoce como ADN recombinante.

Los biólogos moleculares utilizan técnicas de ingeniería genética, mediante las cuales desarrollan transferencias genéticas de una especie a otra, con el objeto de lograr nuevas secuencias que confieran características que brinden ventajas competitivas para la adaptación ambiental. Lo anterior se desarrolla con la idea de obtener beneficios de utilidad práctica y tomar la delantera sobre el lento ritmo de cambios de la naturaleza, al superar las barreras biológicas que impiden a las especies que se están estudiando la modificación de su estructura y funciones de adaptabilidad y rendimiento frente a las condiciones ambientales.

Por la capacidad que tiene la biotecnología de operar en la intimidad del misterio molecular de la vida, y de abolir las fronteras que establecen diferencias cualitativas entre los seres vivientes, nos cuestionamos éticamente sobre la incertidumbre cultural que ofrece este nuevo superpoder a la humanidad.


“La biotecnología opera precisamente al nivel molecular de la vida, donde desaparecen las aparentemente sólidas barreras entre las especies. Por lo que a las moléculas concierne, no hay realmente diferencia entre una persona y una bacteria. Lo que hace la biotecnología es organizar la coreografía de las complejas danzas entre las moléculas, que culminan haciendo que cada ser vivo sea lo que es”.

La ingeniería genética se ha construido un camino de liderazgo prometeico en el territorio altamente competitivo de las tecnociencias, como un conjunto de instrumentos para el desarrollo del conocimiento y del espíritu humano en su proceso de humanización. Una vez que la genética molecular concluyó exitosamente el siglo XX con la secuenciación y mapeo del genoma humano (PGH) y de algunos microorganismos, se abrieron los espacios protagónicos para la genómica (cuyo objetivo es conocer las funciones, interacciones y mecanismos de expresión de los genes) y para la proteómica (que tiene por objeto la identificación de las proteínas y su funcionamiento).

Así pues, la ingeniería genética y la biología molecular interactúan simultáneamente como ciencia y tecnología consolidando una sola realidad tecnocientífica que se posiciona en el liderazgo de la búsqueda de mejores condiciones de calidad de vida para la humanidad, lo cual, digámoslo de entrada, es un imperativo bioético.

Con este interés antropocéntrico (relación) de las ciencias, terriblemente egoísta –hoy día muy cuestionado por el pensamiento bioético que postula el paradigma ecocéntrico a favor de la sostenibilidad de la vida y del Planeta todas las realidades no humanas (bióticas y abióticas) reclaman del hombre respeto y consideración a sus valores ontológicos particulares y a la estructura y función cooperativa de todos los seres en la trama inextricable del fenómeno de lo viviente. De los avances prodigiosos y vertiginosos de la Sociedad del conocimiento tecnocientífico inferimos la convicción de que las tecnociencias no sólo se ocupan de transformar la materia-energía, sino que también transforman el mundo de los valores morales que dan soporte al hombre nuevo y a una nueva sociedad. Desde esta perspectiva, la Bioética mira con optimismo y esperanza el avance vertiginoso y prodigioso de las biotecnologías, como uno de los grandes logros de la Sociedad del Conocimiento y le ofrece su acompañamiento crítico como muestra de su buena voluntad y aprecio.

Jeremy Rifkin concluye su libro “El siglo de la biotecnología” diciendo: “La revolución biotecnológica influirá en todos los ámbitos de nuestras vidas. Qué comemos; con quién salimos y nos casamos; cómo tenemos a nuestros hijos; cómo se los cría y educa; en qué trabajamos; cómo participamos políticamente; cómo expresamos nuestra fe; cómo percibimos el mundo que nos rodea y el lugar que ocupamos en él: las nuevas técnicas del siglo de la biotecnología afectarán a todas nuestras realidades,

individuales o compartidas. Qué duda cabe que técnicas tan personales merecen que el público en general hable y debata sobre ellas antes de que se conviertan en parte de nuestras vidas diarias. La revolución biotecnológica nos obligará a todos a poner un espejo ante los valores que más apreciamos, y a ponderar la pregunta final sobre el fin y el significado de la existencia. Puede que esta sea la contribución más importante de esa revolución. El resto es cosa nuestra”.

Sin duda, la revolución biotecnológica trasciende la esfera científico-tecnológica e impacta, muy directamente, sobre las sociedades humanas. Esta revolución científica conlleva una revolución social por su capacidad de alterar los valores sociales, éticos, morales, las pautas de actuación cotidianas y, con ello, prácticamente invade todos los ámbitos de la cotidianidad humana.


6.3 Los riesgos biotecnológicos y el reto a los valores morales.

Todo el mundo cree saber, con claridad meridiana, qué son los valores morales, a pesar de que el acelerado proceso de globalización nos conduce hacia una inédita aldea planetaria donde tendremos que convivir con las culturas y religiones más disímiles, con valores insospechados y tal vez contradictorios.

Los seres humanos sobresalimos en adquisición de información y en versatilidad para procesarla, lo cual aumenta nuestra capacidad adaptativa hasta el estadio de dominio sobre las demás especies y adaptación del entorno a nuestras necesidades. Del antiguo aforismo darwiniano de “supervivencia del más apto” pasamos al de “supervivencia del mejor informado”, lo cual nos otorga mayor control de la entropía por el aumento de información acumulada en la memoria histórica.

Desde 1958 surge una abundante literatura que pone de manifiesto los riesgos potenciales para los ecosistemas que supone la liberación de especies vegetales, animales y microorganismos extraños a dichos ecosistemas. Dicha liberación puede tener tres causas:

a) Las especies no endógenas que se introduzcan de manera accidental sin colaboración humana (como resultado de maremotos, terremotos, tornados, incendios forestales, etc.)

b) Por acción del hombre, pero sin propósito explícito (especies que se escapan de un laboratorio, de un bioterio o de un zoocriadero)

c) Las personas o empresas introducen deliberadamente nuevas especies al ambiente con fines diversos.

En el primer caso, la responsabilidad ética y las sanciones legales no son imputables a nadie, pero en caso de ocurrencia de consecuencias nocivas, la corrección de las mismas debe ser asumida primariamente por las autoridades del lugar y luego por los directamente afectados. En los dos casos siguientes, urge aplicar las normas internacionales y nacionales de control biológico y bioseguridad ya existentes, con sus respectivas sanciones para quienes las transgredan.

Un caso muy particular para la evaluación ética y legal de estos procedimientos y sus productos –dadas las altas presiones económicas y políticas- lo constituyen las industrias agrarias que importan germoplasmas exóticos y/o transgénicos que ofrecen ventajas sobre los germoplasmas nativos o tradicionales ya adaptados ambientalmente, a los cuales hay que agregarles, para fines industriales, aquellos organismos, también de carácter exógeno, especializados en realizar control biológico.

Las especies exóticas y transgénicas pueden ocasionar transformaciones estructurales y funcionales de los ecosistemas en dos perspectivas:

· Conversión de un ecosistema de baja diversidad en un ecosistema de alta diversidad.

· Empobrecimiento de la diversidad de un ecosistema.

Si se da lo primero obtendremos ganancias dentro de lo deseable y controlable, que también debemos cuidar porque dichas ganancias pueden significar riesgos potenciales para los ecosistemas vecinos con los cuales la naturaleza establece interrelaciones.

Es necesario advertir que las especies exóticas y transgénicas liberadas en los ecosistemas acarrean daños a la biota, incluyendo a los seres humanos. Muchos de dichos daños son imposibles de prever y controlar. Dichas especies pueden convertirse en reservorio de agentes patógenos que amenazan de muerte a las especies nativas, incluyendo al hombre. Esta advertencia no puede convertirse en un temor incontrolable, en una amenaza irracional, en una diabolización de todo intento de transferencia biótica y en una oposición a ultranza a partir de postulados éticos y de normas legales. Sería absurdo asumir estas actitudes negativas.

El hecho de que existan riesgos no nos puede inmovilizar, a sabiendas de que –sin intervención del hombre- la naturaleza viva se expresa y reproduce por medio de genes que son fluidos o “saltarines” y recombinantes, a la vez que realiza por su propia dinámica los intercambios genéticos que hacen posible la biodiversidad, de la cual somos los seres humanos su producto azaroso más elaborado y el más representativo.

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