Frenar el cambio climático: caro pero rentable


El 12 de diciembre de 2015, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) debatieron en París sobre un convenio vinculante para frenar el calentamiento de nuestro planeta. El encuentro estuvo enmarcado en la XXI Conferencia sobre Cambio Climático, en la que se firmó el ya famoso Acuerdo de París. Este tratado, que pretende que se tomen una serie de medidas para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, tiene como fecha de aplicación el año 2020, cuando acaba la vigencia del Protocolo de Kioto. Hasta la fecha, son 195 los estados que lo han firmado. Estados Unidos, una de las grandes potencias mundiales, podría retirarse de este compromiso, como anunció en junio de 2017 su actual presidente Donald Trump. El gran objetivo de esta alianza es conseguir que el aumento de la temperatura global no supere más de 2 grados centígrados la temperatura que la Tierra tenía antes de la industrialización. En un sentido más estricto, los expertos fijan una cifra más ambiciosa: 1,5 grados centígrados. Para alcanzar este reto se han establecido unas cuotas de emisiones que son distintas para cada país y que dependen de muchos factores, entre ellos, su grado de desarrollo. Aunque desde ciertos organismos, como la Comisión Europea, se han dictado unas normas en conjunto, cada estado se responsabiliza de tomar sus propias medidas, que son caras y poco apetitosas. Para frenar el calentamiento del planeta hay que realizar cambios importantes en los modelos energéticos o de producción y hacer frente, a la vez, a los efectos adversos que el cambio climático ya está ocasionando. Sin embargo, según un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford (EEUU), el balance final de lo que cuesta cumplir con el Acuerdo de París supone un esfuerzo que a la larga podría traer beneficios económicos sustanciales. En un artículo publicado este miércoles por la revista Nature, los expertos en clima Marshall Burke y Noah Diffenbaugh afirman que, en vez de aumentar 2 grados centígrados se incremente sólo en 1,5, algo que supondría ahorrar más de 20 billones de dólares estadounidenses (algo más de 17 billones de euros). "Antes de nuestro estudio, el mundo no había tenido una cuantificación robusta de los beneficios económicos que supone perseguir los objetivos más ambiciosos de calentamiento global que plantea la ONU. Esto ha hecho que sea más fácil para los críticos afirmar que la reducción de emisiones es demasiado costosa como para merecer la pena", ha manifestado a este periódico Noah Diffenbaugh, coautor del estudio. De hecho, este fue un punto importante en la justificación del presidente Donald Trump cuando anunció su intención de retirar a los EEUU del Acuerdo de París. "Nuestros resultados muestran que, al reducir los daños del cambio climático, los objetivos de París son, de hecho, muy beneficiosos para la mayoría de los países", ha reiterado Diffenbaugh. Él y su equipo calculan esto combinando datos de desarrollo económico del último medio siglo con los cambios de temperatura en todo el mundo y una simulación climática de cómo podrían variar las temperaturas en el futuro. Tras analizar cómo fluctuaría la producción económica de cada región a medida que las temperaturas aumentasen, han visto que si no se alcanzan los objetivos de París, la mayoría de los países tendrían una menor producción agrícola, un menor crecimiento en general y además se verían obligados a lidiar con grandes gastos derivados de desastres ambientales o relacionados con la salud. Los autores de este estudio creen que cerca del 90% de la población mundial, incluidas las economías más grandes como las de Estados Unidos, China y Japón, se beneficiarían económicamente de limitar el calentamiento global a 1,5º centígrados en lugar de a 2 grados. Las regiones más pobres del mundo serían incluso las más favorecidas, ya que incluso con una pequeña reducción del calentamiento aumentaría de forma notable el producto interno bruto per cápita. Las cifras que manejan Burke y Diffenbaugh son muy optimistas e invitan a reconsiderar la negativa de algunos países a formar parte del acuerdo. Además, ante un supuesto escenario muy agresivo del cambio climático, como un aumento del nivel del mar a gran escala, no alcanzar el objetivo incluso de los 2 grados centígrados afectaría al 15% de la producción económica mundial. Una primera valoración Para la especialista en cambio climático Manola Brunet, de la Universidad Rovira i Virgili y presidenta de la Comisión Internacional de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el estudio de Burke y sus colaboradores "parece razonable". Así lo ha expresado a EL MUNDO en una conversación telefónica previa a publicación del trabajo. En relación a la cifra de 1,5 grados centígrados en la que se han centrado los científicos estadounidenses, "se necesitarán medidas más importantes y más claras de reducción de gases que para la de 2 grados, que tiene mayor permisividad y un impacto más negativo", aunque ve factible que este hecho, pues "tendría muchos más beneficios y menores costos al final del proceso". La profesora de climatología ha explicado a este medio que el objetivo del acuerdo de París supone "un escenario de estabilización climática para no agravar el calentamiento global reciente. El umbral de 1,5 grados centígrados es mucho mejor que el de 2 grados, aunque esos 2 grados ya serían un valor deseable de alcanzar". Por otra lado, Brunet ha destacado las importantes consecuencias que estos dos rangos pueden tener en algunos lugares del planeta, como aquellos en los que una subida del nivel del mar determine su supervivencia. "De ahí que todos los países de costas bajas, especialmente pequeños estados isla del Pacífico estén apoyando la reducción a 1,5 o a 2 grados. Esto supondría que por lo menos parte de estos territorios no quedarían sumergidos bajo las aguas", ha remarcado.


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