El poder de la lectura

Algunos estudiantes del Colegio me han preguntado en varias ocasiones, ¿cómo pueden ser más inteligentes?

Pues bien la respuesta a esta pregunta es muy difícil, pues la inteligencia no es algo que se pueda adquirir con una receta de cocina o con una pastillita mágica, aunque aparentemente ya existe una.

Al pensar en una mejor respuesta, me acorde de una excelente película: “Manos milagrosas”, que relata la vida del neurólogo Benjamin Carson. El neurólogo, saltó a la fama en 1987 cuando logró separar con éxito a dos bebés siameses.

Para realizar la separación de los siameses Carson tuvo la brillante idea de hacer algo impensable, detener el corazón de los siameses y evitar que se desangraran.

Pero, ¿a que se debe ese nivel intelectual? La razón se debe a que el neurólogo entreno su cerebro por mucho tiempo.

Durante su niñez Carson, obligado por su mamá, lee libros de ciencia ficción y fantasía, a cada libro realiza por escrito un resumen. Eso lo hizo por muchos años.

Pues bien, porque les cuento todo esto; en varios estudios que he leído, se manifiesta que la lectura es uno de los mejores detonadores que potencia la capacidad intelectual de un estudiante, aunque no es el único.

Según varios estudios cuando un niño lee novelas de ciencia ficción o fantasía, su cerebro debe realizar una serie de conexiones neuronales que le permiten fortalecer su capacidad cerebral.

Annie Murphie Paul nos lo explica en un interesante artículo en The New York Times Sunday Review. Murphie nos muestra los diferentes niveles en los que se expresa en el cerebro la actividad lectora, mostrando por qué leer un libro puede ser una experiencia tan rica en emociones.

Por ejemplo: un estudio de 2006 mostró que palabras asociadas con olores (“perfume”, “café”) activaban el cortex olfactivo primario de los sujetos que las leían. Un reciente estudio también ha mostrado que áreas muy concretas del cerebro relacionadas con la experiencia sensorial se activan al leer metáforas relacionadas con la textura: así, metáforas como “el cantante tenía una voz de terciopelo” activaban el córtex sensorial de los sujetos que las leían.

Los investigadores también han descubierto que expresiones relacionadas con el movimiento activan el córtex motor, el área del cerebro que coordina los movimientos corporales. Pero la zona concreta del córtex que responde a la lectura depende del tipo de movimiento: así, Verónique Bolulenger descubrió que expresiones que describían movimientos relacionados con el brazo activaban regiones del córtex diferentes a aquellas que describían movimientos relacionados con la pierna.

La lectura, por tanto, nos permite llevar a cabo una simulación de la realidad, que es completa cuando nos ponemos en el lugar de los personajes, para experimentar sus pensamientos y sentimientos. Y esa habilidad podría trasladarse al mundo real. De hecho, hay estudios que indican que los individuos que leen narrativa de ficción con asiduidad parecen estar mejor predispuestos a entender a otras personas y a empatizar con ellas, una relación que, según un estudio de David Mar, también podría encontrase en niños en edad preescolar.Así de simple, entonces, la lectura constante es un buen aliado. Si leemos y escribimos lo que imaginamos después de leer, potenciaremos nuestras habilidades intelectuales.

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